Identidad básica de los Centros de la Compañía de Jesús

Misión Educadora Ignaciana

Un Colegio de la Compañía de Jesús inspira su vida y acción educativa en la visión dinámica de Ignacio de Loyola en relación con el mundo de hoy, y funda su planteamiento educativo en los elementos esenciales que constituyeron el proceso de maduración humana y cristiana del propio Ignacio: experiencias, interiorización, comunicación y acción.

Los Centros de la Compañía tenemos un origen común. Nuestra procedencia no es sólo una convergencia histórica en el pasado. Hemos recibido una herencia originaria que en sus líneas maestras conserva su vigor en la actualidad. Es nuestra aportación a la sociedad actual y nuestro compromiso de servicio eclesial.

La experiencia de Dios en San Ignacio fue una vivencia propia, reflexionada y depurada personalmente, que fue penetrando, transformando y dirigiendo toda su vida. Y al mismo tiempo fue un deseo de que los demás experimentaran también lo que para él era decisivo. En la vida de Ignacio hay una radical voluntad pedagógica.

  • Ignacio, que experimenta a Dios comprometido en Cristo con cada ser humano, lo contempla y sigue en el mundo y en los hermanos. Nada humano puede excluirse como profano.
  • La reflexión sobre su peregrinación interior le hizo caer en la cuenta de que el servicio total a Dios y al mundo exige una persona interiormente libre. Ayudar a los demás es ofrecerles el mismo camino hacia la libertad interior; suscitar la experiencia de liberación.
  • La vivencia de Ignacio lleva consigo un impulso radical de comunicación y servicio. Pronto surge en torno a él un grupo de compañeros que responden participativamente a la misma llamada de hacer a Dios presente en su vida y ayudar a los demás.
  • La respuesta radical de Ignacio reclama discernimiento práctico; y no tiene sentido si no se realiza en y para la Iglesia en su servicio a las necesidades de todos los hombres.

Cuando Ignacio y sus compañeros fundaron la Compañía, muy pronto se les hizo evidente la efectividad de la educación como instrumento apostólico. A la muerte de Ignacio ya existían numerosos Centros, y la función pedagógica es constante histórica de primer plano en la misión de la Compañía.

La importancia de la educación es la misma, si no mayor, como proceso para lograr hombres que se miden por su verdadera libertad interior para servir. Educar es cooperar con Dios en formar “hombres y mujeres para los demás”, conscientes de sí mismos y del mundo que les rodea y comprometidos en la tarea de su transformación hacia una sociedad fraterna y justa.

Principios Generales del Derecho a la Educación

La Compañía de Jesús, desde su herencia ignaciana y su experiencia histórica, comparte con la familia y la sociedad el ejercicio de la función educadora de acuerdo con los siguientes principios y derechos:

  • Todos los hombres tienen derecho a una educación adecuada, en auténtica igualdad de oportunidades, respecto a todos los niveles educativos, según la capacidad de cada uno.
  • Los padres, por ser los primeros y principales responsables de la educación de sus hijos, tienen el derecho a elegir para ellos el tipo de educación que juzguen más de acuerdo con su orientación educativa familiar.
  • Los profesores tienen derecho a desarrollar su función docente en libertad, en el contexto de su trabajo, definido por el Carácter Propio del Centro y por el nivel educativo que les corresponde.
  • Las personas y los grupos sociales tienen el derecho de crear y dirigir Centros educativos y de ofrecer en ellos un tipo de educación determinado, definido por su Carácter Propio.
  • La Iglesia tiene además el derecho y el deber, por misión de su Fundador, de educar, haciéndose presente en el mundo de la cultura, creando y ofreciendo a la sociedad sus propios Centros educativos.
  • Los poderes públicos tienen la obligación de hacer posible el ejercicio práctico del derecho de todos a la educación, entendida como un servicio social, garantizando la libertad de la enseñanza mediante la gratuidad en las escuelas.
  • La Escuela, por tanto, es una de las respuestas institucionales más importantes al derecho de toda persona a la educación y uno de los factores más decisivos para la estructuración y la vida de la sociedad.

Aspectos básicos de la identidad de los Centros de la Compañía de Jesús

La Compañía de Jesús asume la tarea educativa como una participación en la misión evangelizadora de la Iglesia. Por eso sus Centros ofrecen a la sociedad una clara inspiración cristiana y un modelo de educación liberadora y humana desde esta visión cristiana de la vida. Así, la Compañía de Jesús opta por al apertura de los Centros a todas las clases sociales sin discriminación alguna, aspirando a que los medios de financiación pública respondan al coste real de la educación.

Así mismo, plantea sus Centros como Comunidades Educativas, promoviendo con los miembros que la componen un sistema responsable de participación, y compartiendo con ellos su herencia espiritual y educativa.

Los Centros de la Compañía de Jesús, atentos a la evolución de la sociedad y a las situaciones de creciente desnivel socioeconómico, desean:

  • Promover en los miembros de la Comunidad Educativa, los derechos humanos, la solidaridad nacional e internacional, la defensa de la naturaleza y el medio ambiente;
  • Realizar una proclamación responsable del Evangelio, de modo que éste ilumine los aspectos estructurales y culturales de la sociedad, en los que están incrustadas las raíces de la injusticia.

La Compañía de Jesús, consciente de que no es posible el servicio de la fe sin promover la justicia, entrar en las culturas y abrirse a la comunicación interreligiosa, desea hacer de los centros ámbitos de diálogo, en los que se recogen las inquietudes y planteamientos de nuestra cultura, se ofrecen con honestidad y rigor las respuestas de la fe, y se ayuda a las personas a madurar con talante de diálogo.

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